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SECUENCIA PAPARAZZI

 

Imagina una habitación de color verde agua. Hace un frío que hiela. La humedad es tan espesa que se oye, y el sonido de unos pasos al acercarse viene envuelto en esa atmósfera acuosa.

Imagina la puerta de la misma habitación fría. La puerta se abre y luego se cierra. Un hombre con un traje color burdeos ha entrado. El hombre avanza por la estancia, se acerca. Una mirada con una coreografía perfecta se recrea en todos los contornos de su cuerpo y termina en una mancha oscura de vino que ocupa la parte superior del pantalón por encima de su rodilla. El hombre se detiene en uno de los rincones de la habitación mientras sujeta con los dientes una horquilla intentando dominar un mechón rebelde de su pelo.

Imagina otra vez la misma puerta. La imagen solo se centra en la puerta y no nos permite ver al hombre de traje burdeos que ha entrado antes. La puerta se abre de nuevo, ahora lentamente. Por detrás aparece un pie con un zapato masculino barato. Nos fijamos en el zapato y aparece el otro pie. Los dos pies recién llegados primero se juntan y luego se detienen. El color verde de la habitación se enfría todavía más cuando la acción se congela. Los pies reinician el recorrido separándose de la puerta. No les seguimos: ahora vemos un marco de puerta vacío mientras oímos los pasos de los pies que se alejan y el crepitar del suelo de madera.  El sonido de los pasos se detiene.

La imagen sin personajes se desplaza y los busca por la estancia. La imagen, como una ciega, tantea las paredes dejándose llevar por la guía de su contorno: mientras avanza, el perfil de la pared cambia, las molduras se interrumpen cuando están rotas, otras veces se humedecen, pero la imagen avanza y gira sin detenerse.

La imagen desesperada sigue buscando hasta que su propia velocidad la distorsiona.  Los colores se emborronan hasta convertir la gama cromática en un solo tono.

Ahora oímos el roce de unas ropas. Y en una nueva búsqueda desesperada a través del sonido, la imagen gira y cabecea loca por encontrar, jadea hambrienta por ver. En una búsqueda rápida, y debido a esta velocidad, las imágenes de los rincones de la habitación se entremezclan y, durante la levedad de milésimas de segundo, vemos a los dos hombres en el centro de la estancia. Juntos. Pero la velocidad de la búsqueda ha mezclado tanto la paleta de cromática que los dos cuerpos se ven como uno solo.

Detrás de la imagen, alguien comenta que le ha parecido oír:

«Han tenido que pasar tantos años.»

 

SECUENCIA PAPARAZZI. El Observatorio