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LAS BANDERAS SON TRAPOS.

ÍTACA.

“Frente a nosotros,
como una fila de velas encendidas,
-radiantes, cálidas y vivas-
están los días del futuro…” Kavafis.

¡Feliz viaje a Ítaca!

NINFAS.

ÍCARO

FLORA.

CRÓNICAS DEL SUELO: Sahara.

CRÓNICAS DEL SUELO: CONTRAPLANO.

CRÓNICAS DEL SUELO: ¡Buenas noches, terrícolas!

CRÓNICAS DEL SUELO: Primavera.

EUGENIA E.

CAROLINA.

LAUTARO.

FERNANDA.

EUGENIA y JAVIER.

Antonio.

Eugenia.

Raquel.

María.

Un otoño por los suelos.

 

 

 

 

 

 

 

 

Escuela de calor.


 

558

La 558.

Frutos.
Desnudo.

Desnudo.

 

 

 

 

 

 

 

 


Hojarasca.

Hojarasca.

Contra el brillo.

7:30 p.m.

Sopor.

Sopor.

Domingo por la tarde.

La gota que disparó la bala.

La enfermera salió de la habitación 707 acompañada del doctor y de la hija del muerto, Carolina. La muerte del paciente se había hecho oficial unas horas antes, en plena  noche. Su agonía no fue más que el coletazo final de muchos años de insomnio y pastillas. Cuando Carolina cruzó la puerta, se abrochó tranquilamente el abrigo y dejó de llorar.

Carolina y la enfermera se dieron la mano en el pasillo de la séptima planta -la enfermera intentó besarla pero ella se apartó y le extendió el brazo. Gracias por todo. El doctor apoyó su mano en el hombro de la mujer y caminó a su lado hasta el ascensor. Mientras esperaban en el rellano, Carolina contó los segundos que tardaba el ascensor en desplazarse de un piso a otro -unos números se iluminaron en la pared en el sentido inverso al de una cuenta atrás. Carolina contó, y no pensó en nada. El doctor la observaba.

La “cuenta atrás” era el juego que se inventó Carolina la  misma noche que Jack se largó.   Jack S.S., marine americano convertido en marido, se marchó de casa el día que ella cumplía 50 -Jack entró en su vida siete años atrás con un petate y una pistola, y se fue con una sola muda en una maleta y el transistor pegado a la oreja para no perderse el partido. Carolina quiso pensar que le dejó el revólver como recuerdo. Era un detalle muy americano y, a ella, todo lo americano le hacía perder la cabeza.

La noche de la marcha de Jack, Carolina confió en que si contaba hasta cero su marido abriría de nuevo la puerta y se volverían a abrazar. Pero dijo CERO, y no pasó nada. Los únicos ruidos que se oyeron esa noche en la casa provinieron del otro lado de la pared. Ahí dormía su padre, enganchado a una máquina de respiración asistida en la única habitación con ventana. Carolina se tapó los oídos – si entre los ruidos que escuchaba no estaban los de Jack, ella prefería el silencio.

 

En el hospital el doctor y Carolina seguían esperando el ascensor en el rellano del séptimo, pero se detuvo en el quinto y ahí permaneció durante un buen rato. Una enfermera joven cruzó el pasillo con un informe médico bajo el brazo. El doctor se apartó unos metros y firmó los papeles que la joven le mostró.  Doctor y enfermera se miraron. Una chispa de lujuriosa complicidad brilló en los ojos de ambos. Carolina se percató del gesto y llevó una de sus manos hasta su pierna izquierda para aliviar con un leve masaje la circulación de sus varices. Fue inútil.

El ascensor subió del quinto al séptimo. Directo. Antes de que las puertas se abrieran unas ridículas campanillas electrónicas anunciaron lo que iba a pasar.

El doctor dio la mano a  Carolina por segunda vez. Mientras se la estrechaba, Carolina intentó que los ojos del doctor brillaran con la misma complicidad con que lo habían hecho hacía apenas unos segundos. Eso nunca ocurrió. Gracias. El doctor giró sobre sí mismo y se alejó. Carolina giró sobre sí misma y entró en el ascensor.

Las puertas se cerraron y los números se iluminaron. Carolina se relajó; 6, 5, 4…. y disfrutó del descenso. Apretó con fuerza un botón de su abrigo y empezó a reír. Ella nunca supo por qué lo hizo.

Carolina salió del hospital. Después de tantos días en la 707 el ruido de la calle resultó agradable como el silencio. El aire era fresco.

Qué frío era, también, ese invierno.

Carolina  se acurrucó en el interior de su abrigo, tembló y comenzó a caminar calle abajo.

Un hombre con gabardina se acercaba por su misma acera. Antes de que sus caminos se cruzaran, se miraron. Sus pasos se acercaron más y más y, cuando se encontraron, el hombre le rozó ligeramente el brazo. Fue accidental. En el momento del roce Carolina percibió cómo el sonido del mundo enmudecía y cómo todo se movía a otra velocidad, mucho más lenta. Carolina buscó en los ojos del hombre intentando provocar en su mirada un brillo de complicidad, pero entonces el hombre dejó de mirarla y se alejó. Hijo de perra.

Carolina se desabrochó, tranquilamente, los botones de su abrigo. Del bolsillo interior sacó la pistola con la que Jack llegó a casa siete años atrás.  Carolina apuntó con ella al hombre de la gabardina y disparó. La gente corrió. La calle se despejó. El hombre cayó al suelo. Carolina giró sobre sí misma, aunque nunca supo exactamente por qué lo hizo. El giro fue lento. El giro fue tan y tan lento que, cuando Carolina completó una vuelta entera, los coches de policía ya habían tomado posiciones.

Carolina sintió frío, dejó caer el arma y se abrochó de nuevo el abrigo. La calle seguía en silencio. Los agentes controlaban la zona.

Carolina gritó.

¡Yo no disparé!

Cero.

La gota que disparó la bala. (El Observatorio)

 

Ne me quitte pas.

 

 

 

 

 

 

 

 

Los iconoclastas.

Hombre y Mujer se abrazan en el suelo de una habitación. Todo parece indicar que disfrutan de los preliminares antes de hacer el amor. La ansiedad de sus caricias delata que hace tiempo que no se tocan. Ella suspira y su aliento roza la barbilla del hombre, acariciándola. La mano de él se desplaza a lo largo del vestido de la mujer mientras le susurra al oído que la desea y que ella es lo único que necesita en esta vida.

 

LA AUTORA:  Un momento. Deteneos un momento, por favor. Hombre ¿acabas de susurrarle al oído que ella es lo único que necesitas en esta vida? ¿Estás seguro de eso?

MUJER: ¿Qué es lo que pasa?

HOMBRE: ¿Quien eres? ¿Qué ocurre?

MUJER: ¿Quien habla?

LA AUTORA: Tranquilos. Soy yo, la autora. La que os inventa y la que escribe esto.

HOMBRE: ¿Qué estás diciendo?

MUJER: Nosotros no necesitamos que nos invente nadie. Somos libres. Nos inventamos solos.

HOMBRE: Nosotros inventamos nuestro amor.

MUJER: ¿Acaso te crees Dios?

LA AUTORA: Para vosotros, lo soy.

HOMBRE: Déjanos en paz. Eres ridícula. Se reirán de ti tus lectores.

LA AUTORA: Tranquilizaos…Creéis tener las cosas muy claras, ¿verdad? Hombre ¿Acaso no sabes que puedo hacer que la mujer salga enfadada de la estancia y se aleje de ti para siempre?

HOMBRE: ¡Por favor! Autora-como-te-llames, tú sabes que, no solo harías el ridículo, sino que demostrarías que te sustentas sobre una base absurda, llena de prepotencia, orgullo y de un sin sentido abominable y malvado de las cosas. Así que, tú misma. Si quieres, ponte en evidencia.

LA AUTORA: No os pongáis en evidencia vosotros, seres tipográficos. Sin mis palabras no sois nada. Y sin mis letras, esta habitación desaparecería para convertirse de nuevo en un espacio vacío de color blanco, o gris o rojo o verde, como había sido al principio.

HOMBRE: Mujer ¿Adónde vas?

MUJER: Voy a abrir la ventana, necesito aire.

La mujer se incorpora del suelo y, olvidando recomponerse el vestido, se dirige hacia la ventana más grande de la habitación.

MUJER: Hombre, no puedo.

HOMBRE: ¿No puedes qué?

MUJER: No puedo abrir. Ayúdame.

El hombre también se incorpora y se acerca a la ventana.

HOMBRE: Déjame a mí.

MUJER: Está muy fuerte. Se nota una cierta resistencia.

HOMBRE: No entiendo, es cómo si alguien hubiera cerrado por fuera.

LA AUTORA: Lo siento chicos. ¿Algún problemas? ¿Me necesitáis?

MUJER: Déjanos en paz, por favor.

HOMBRE: ¿Qué quieres de nosotros?

LA AUTORA: Quiero que reconozcáis que me necesitáis. Los lectores ya no me quieren. Es tan poco lo que os pido…

MUJER: Si como dices, tú nos inventas, es fácil; oblíganos.

HOMBRE: Te importaría abrirnos la ventana, autora.

Un golpe de aire choca contra el cristal y abre la ventana de par en par. Luego cruza la estancia y lo remueve todo.

LA AUTORA: ¿Qué pensáis decir ahora?

MUJER: Solo ha sido un golpe de aire.

LA AUTORA: ¿Estás segura, mujer? Por cierto, ¿cómo te llamas?

MUJER: Mujer.

LA AUTORA: Cierto, olvidé poneros nombre. Déjame que piense…

HOMBRE: Déjanos en paz.

LA AUTORA: ¿Eso es lo que queréis? ¿Estáis seguros?

La mujer se agacha, se acurruca en el suelo y empieza a llorar.

HOMBRE: ¿Por qué lloras?

La mujer se incorpora de nuevo y, mientras gira sobre sí misma, dirige su mirada al cielo y alza su voz a una desconocida invisible.

MUJER: Déjanos en paz.

HOMBRE: Vete.

La mujer corre hacia hombre y le abraza. De pronto, ella se aparta con asco y empieza a vomitar.

MUJER: Eres vomitivo. Hueles fatal.

HOMBRE: Mujer pero ¿qué dices?

MUJER: Tu cuerpo apesta.

HOMBRE: Mi vida, no sabes lo que dices.

MUJER: Hueles a muerto.

LA AUTORA: Disculpad que me ría pero todo esto resulta bastante patético. He creado dos criaturas encantadoras.

HOMBRE: Está bien, hija de perra, dinos de qué sirve todo esto.

LA AUTORA: Simplemente me divierto.

HOMBRE: Y cuando acabe la diversión qué, no te das cuenta de que tú también nos necesitas. Sin nosotros no eres nada.

LA AUTORA: ¿Serías capaz de repetir eso?

HOMBRE: Sin nosotros no eres nada.

En ese momento otro soplo de aire helado entra por la ventana. Tras él, un buitre negro entra desplegando sus alas y planea cerca del hombre. Con las alas, roza su pelo.

HOMBRE: ¡Perra!

LA AUTORA: Recuérdame que te enseñe a pronunciar palabras nuevas.

De repente el hombre coge la mano de la mujer y, sin mediar palabra, la arrastra hacia la ventana.

HOMBRE: ¡Salta!

MUJER: ¿Cómo?

HOMBRE: Salta, por favor.

MUJER: Estás loco.

HOMBRE: Solo es un piso. No pasará nada. Todo es preferible a este cementerio. Mira, en la calle hay gente. Nos ayudaran.

MUJER: ¿Estás seguro? Nos perseguirá…

HOMBRE: Salta, por dios.

La AUTORA: ¿Me llamabais? Ja, ja,ja…

Hombre y mujer se tiran por la ventana. Los coches se detienen. Los peatones forman un pequeño corro a su alrededor. Desde la ventana vemos como la mujer le acerca su mano al hombre para ayudarle a incorporarse. Parece que ha caído mal y se ha torcido un pie. Cuando empiece a andar, cojeará.

LA AUTORA: Oh! Lo siento. Ja,ja,ja.

MUJER: ¡Vamos!

HOMBRE: Ayúdennos, por favor.

La gente a su alrededor les mira pero nadie se les acerca. Un hombre con un largo abrigo gris les acompaña hasta un callejón que hay unos metros más al fondo.

HOMBRE DE GRIS: Seguidme a mí, por aquí.

Los tres personajes se alejan calle abajo. Antes de adentrarse en el callejón me ha parecido ver a la mujer dirigirme una última mirada. Una leve sonrisa se ha dibujado en sus labios antes de que los tres juntos desaparecieran tras la tapia.

Los peatones de la avenida continúan con su rutina ajenos a lo que ocurre unos metros más allá. Es Navidad.

(no continuará)

 

Los Iconoclastas. (El Observatorio)

Somos seres sensibles.

Cuando amar ya no es un verbo.

A: Tú.

M: No, tú.

A: Pero yo a ti más.

M: No tanto como yo a ti.

A: ¿Cuánto?

M: Mucho.

A: ¿Solo?

M: No, mucho más. Infinito.

A: Y yo a ti eternamente, en espacio y en tiempo.

M: Yo a ti, también.

A: Pues yo, sin ti…

M: Yo tampoco.

A: ¡Qué felicidad!

M: ¡Desde luego!

 

Cuando amar ya no es un verbo. (El Observatorio)

 

Una imagen de mil palabras.

En la imagen una mujer de unos 40 años corre por la ancha avenida de una ciudad. Digo; CORRE, por el particular impulso que aparenta tener su cuerpo y la inclinación que presenta su pelo; su media melena morena se eleva en bloque hacia un mismo lateral. Sus piernas y pies no están a la vista; el limite inferior de la imagen recorta su cuerpo a la altura de la cadera. Por detrás de la mujer el suelo de la avenida está mojado. Como espejos, una serie de charcos reflejan fachadas de edificios y zonas del cielo que no vemos.

Si centro la atención en la mujer morena que corre, automáticamente se convierte en el elemento principal de la imagen, pero si mi mirada no se detiene y desplazo más allá mis ojos, y los detengo en otro detalle y luego en otro rincón,  el protagonismo principal se desplaza hasta allí.

Por detrás de la mujer, y a la altura de un semáforo, la avenida se encuentra con una calle mucho más estrecha formando un cruce. En una de las esquinas del cruce hay un bar. Un hombre viejo asoma su cabeza por la puerta atento a la fuga de la calle más pequeña. Unos metros más allá, en la misma acera, un cartel informativo anuncia con iconos universales las direcciones en las que se encuentran  una farmacia, un museo de arte y una escuela.

Cruzando la avenida y siguiendo con la mirada la calle estrecha hacia la derecha están los portales con los números 41 y 43. Junto a ellos se levanta un muro de ladrillos que se prolonga hasta la esquina, donde se ve interrumpido por la persiana bajada de un almacén. La persiana, abollada en su parte superior, está fuera de su guía. En la parte inferior, donde la persiana descansa en el suelo, trozos de papel acumulados por el tiempo han formado una especie de pasta pegada a la acera.

En la zona inferior de la imagen, y en primer término, asoma la mata de pelo rubio de un hombre blanco. La mujer morena que corre por la acera se dirige hacia él. Y digo; HACIA ÉL, porque los ojos de la mujer clavan su mirada en la otra cara, y su cuerpo, el de la mujer, avanza en esa misma dirección. La mujer presenta en su rostro un gesto indescifrable. Parece estar a punto de cambiar de expresión, sin embargo, no es posible aventurar si lo hará para reír, para llorar, o para gritar.

Unos metros pasado el bar tres siluetas corren y se resguardan de la lluvia cubriendo sus cabezas con un bolso y dos chaquetas; Dos de las siluetas corresponden a dos hombres y la tercera a una mujer. Aunque aparentemente tienen la misma edad, no parecen formar parte del mismo grupo; sus miradas y sus cuerpos están orientados hacia distintas direcciones de la avenida.

Regresando al primer término hay un coche oscuro goteado de lluvia cerca del cruce y enfrente del bar. El parabrisas delantero del vehículo está empapado y unas marcas de agua, todavía húmedas, han formado unos arcos de suciedad por la zona sobre la que el limpiaparabrisas pasa sobre el cristal. El coche está parado a pocos metros de un semáforo, presumiblemente en rojo. Y digo; ROJO, porque aunque la imagen está en blanco y negro, la luz que aparece con más brillo es la superior.  Y digo; PARADO, porque el conductor del vehículo asoma la cabeza por fuera de la ventanilla y gesticula algo, con ambas manos, al viejo que asoma por la puerta del bar. Por detrás del coche oscuro, otro coche más y su correspondiente silueta, perteneciente a un sexo sin determinar, que ocupa el asiento del conductor. Los reflejos de las ventanillas no permiten ver más allá de un perfil poco definido que mira hacia la ventana que está dos pisos por encima de la persiana bajada del almacén.

En el centro de la imagen, y coincidiendo con la fuga de la avenida principal, unos árboles se disponen en fila a lo largo de la acera derecha. Unas siluetas negras de hombres y mujeres corren distribuyéndose a lo largo de la calle abarrotada de carteles y establecimientos comerciales cerrados.

Dos pisos por encima de la persiana bajada del almacén una cortina, inclinada como la melena morena de la mujer que está en la acera, asoma por una ventana abierta de par en par. Es la única ventana abierta en toda la imagen. Presumiblemente el viento balancea la tela de la cortina de acá para allá. Detrás de la ventana vemos una habitación de paredes floreadas y una mujer. La mujer, que también es morena y presenta una expresión indescifrable en su cara, se dirige hacia la ventana abierta. Y digo que se DIRIGE, por la extraña inclinación de su cuerpo y porque su melena morena se eleva en bloque hacia un mismo lateral. No vemos sus pies -el limite de la ventana recorta su cuerpo a la altura de la cadera.

Por encima de la avenida y de los tejados y terrazas de los edificios el cielo es de un gris plomizo. Las nubes compactas lo unifican todo confiriéndole a toda la extensión un único tono.

A punto de esconderse por detrás del edificio más alto, dos aviones militares se recortan contra el cielo. Por debajo de ellos, y a distintas distancias del suelo, tres proyectiles negros suspendidos en el aire se distribuyen a lo largo de la avenida principal.

De nuevo en el suelo un perro esquelético bebe agua de un charco en plena calzada. Su lengua remueve el líquido  acumulado sobre el asfalto. Y digo; REMUEVE, porque la superficie uniforme del charco está distorsionada y una sucesión de ondas acuosas rompen el reflejo del cielo de la ciudad como un espejo roto.

 

Una imagen de mil palabras. (El Observatorio.)

Cortometraje documental (texto).

La industria del cine está en crisis. Es el momento del cine.

Cortometraje documental. (El Observatorio)

Más luz.

Zapping (fragmento).

…..

El proxeneta:  Esperaba oír algo así.

La agente: Tú siempre sabes qué esperar.

El proxeneta: Porque lo leo en tu mirada.

La agente: Entonces cerremos el trato de una vez.

sabía que había tenido una hija pero no sabía qué había pasado con ella

……

escuche, le volveré a llamar. Si, lo haré. Muchas gracias. Imbécil.

……

Hombre 1: …todo lo que necesito.

Hombre 2: ¿Ibas a casarte?

Hombre 1: ¿Tienes un Ferrari?

……

un programa donde dos personas se pueden repartir millones.

……

Alex es piloto y participa en este curso destinado a gente que tiene pánico a subirse a un avión.

……

una manera de hacer entre comillas, cemento, pero aquí no queremos un cemento duro

……

¿Qué te ha contado tu madre?

Yo no le he preguntado mucho. Lo que me ha contado me parece bien y, ya está

……

se iba de vacaciones con su familia y era la primera vez que entraba en un avión.

si el niño está sentado en una posición elevada se mareará menos.

……

Un tipo: Yo le escupiría.

Una chica: Oh, parece divertido.

……

vamos a pasar grandes ratos con ustedes. Manden sus mensajes

……

no pueden porque es delito. Para intentar superar la angustia que les provoca subirse a un avión

……

Mujer joven:

Suéltame ya. Déjame.  Ya, Rodrigo suéltame. Llévate ya todo lo que quieras; oro, joyas , lo que quieras.

Hombre joven:

No se te ocurra gritar porque tu maridito se muere.

……

esa es la voz de vuestra hermana mayor. Os vio aquí, en el programa, cuando vinisteis

……

La situación en la que yo vivía era una continua angustia.

……

el chico estaba lleno de hematomas; brazos, pechos, espalda. También tenia un traumatismo en la cabeza

……

para eso tienes que llamar hoy y, llamar ya

……

El próximo domingo, el más allá va a hacer acto de presencia

……

a tu salud! Ahora es el momento perfecto para ver cómo está esta masa.

…..

Zapping. (El observatorio)

Secuencia paparazzi.

Imagina una habitación de color verde agua. Hace un frío que hiela. Si desplazas la mano por el aire puedes tocar la humedad. La humedad es tan espesa que se oye. El sonido de unos pasos al acercarse vienen envueltos en una atmósfera acuosa.

Imagina la puerta principal de la misma habitación fría. La puerta se abre y luego se cierra. Ha entrado un hombre. El hombre viste un elegante traje color burdeos. El hombre avanza por el espacio y nosotros le seguimos. Una coreografía perfecta le sigue, se recrea en todos los contornos de su cuerpo y termina en una mancha oscura de vino que ocupa la parte superior del pantalón por encima de su rodilla. El hombre se detiene en uno de los rincones de la habitación. El hombre sujeta con los dientes una orquilla mientras intenta dominar un mechón rebelde de su pelo.

Imagina otra vez la misma puerta. La imagen solo se centra en la puerta y no nos permite ver al hombre de traje burdeos que ha entrado antes. La puerta se abre de nuevo. Se abre lentamente. La puerta se detiene y aparece un pie calzado con un zapato masculino barato. Nos fijamos en el zapato y aparece el otro pie. Los dos pies recién llegados primero se juntan y luego se detienen. El color verde de la habitación se enfría todavía más. La imagen se congela. Los pies reinician el recorrido separándose de la puerta. No les seguimos. Ahora vemos un marco de puerta vacío mientras oímos los pasos de los pies que se alejan.  El sonido de los pasos que se detienen. No oímos nada más -de vez en cuando un crepitar de la madera del suelo.

La imagen sin personajes se desplaza y los busca por la estancia. La imagen, como un ciego, tantea las paredes dejándose llevar por la guía de su contorno. Mientras la imagen avanza, el perfil de la pared cambia y las molduras se interrumpen porque están rotas, otras veces se humedecen, pero la imagen sigue girando sin detenerse.

La imagen desesperada sigue buscando hasta que su propia velocidad la distorsiona.  Los colores se emborronan hasta convertir la gama cromática en un solo tono.

Ahora oímos el roce de unas ropas. Y en una nueva búsqueda desesperada a través del sonido, la imagen gira y cabecea loca por encontrar. La imagen jadea hambrienta por ver. En una busca rápida, y debido a esta rapidez, las imágenes instantáneas de los rincones de la habitación se entremezclan y, durante la levedad de milésimas de segundo, vemos a los dos hombres en el centro de la estancia. Juntos. Pero la velocidad de la búsqueda ha mezclado tanto la paleta de colores, que los dos cuerpos se ven como uno solo.

Detrás de la imagen, alguien comenta que le ha parecido oír  algo:

“Han tenido que pasar tantos años.”

“Secuencia paparazzi.” (EL OBSERVATORIO)

El regreso.

Sois seres sensibles (texto).

*(Encontraré esta nota entre los restos de la nave F E N I X que caerá en el desierto de Gobi a finales del siglo XXI. Debido al mal estado del soporte sobre el que será impresa, se tardará mucho tiempo hasta su total transcripción. Del resto del texto no habrá nunca noticias.

“…también yo soy un ser sensible y me produce nostalgia verle observar el universo desde la plataforma móvil de la nave. Antes de dormirnos le observo mientras se fuma un cigarrillo y su mirada se desplaza como arrastrada por el paso de un cometa. Absorto. En su abducción, y mientras dibuja con el dedo una parábola en el aire remarcando dos puntos concretos, comenta:

“Mira, eso es Marte y ahí está la Tierra.”

Entonces yo apago las luces de la cápsula para poder ver mejor el espacio. En la oscuridad, casi absoluta, las puntas luminosas de nuestros cigarrillos dan pistas certeras de dónde se encuentran nuestros cuerpos. Dos puntos rojos se desplazan en el aire acompañados de suspiros casi imperceptibles. Su cuerpo está cerca pero yo le siento cada vez más lejos. Él asegura que todo anda bien. Esta noche, procurando no molestar, observo su querido perfil silueteado en la oscuridad. Su mirada  infinita le arrastra y entonces tanteo con mi mano el vacío y me acerco más a su cuerpo hasta rozarle. Descanso mi mano sobre su espalda cuando la encuentro. No se inmuta. Su mente está lejos, casi a años luz.

“Mira, eso es Marte y ahí está la Tierra”

(Y el dibujo de la parábola otra vez.)

Su mente sigue volando cuando una extraña brisa se levanta a nuestro alrededor. Me aterra que pueda escapar, que le pueda perder. Entonces, en un intento de posesión que me avergüenza, me agarro a su mirada como a la cola de esa estrella fugaz que cruza el firmamento y me dejo arrastrar. En la oscuridad mi mano acaricia su nuca y se desliza recorriendo su piel. Coreografiando nuestros movimientos,  nos abrazamos. Mientras el cometa nos lleva, a tientas nos desnudamos, desaparecemos en el oscuro infinito y ahí permaneceremos hasta el final de los tiempos.”

Sois seres sensibles (texto). (EL OBSERVATORIO)

Si no te importa mi glucosa, enfermo.

Camino contenta.

Acabo de recoger unos análisis de orina y sangre para una revisión rutinaria, y camino contenta.

No tengo constancia, todavía, de cuales son los resultados de las pruebas. Todo está dentro de un sobre.

Y camino contenta porque se está generando una oportunidad única para que tú, que me esperas en casa, me recibas con ansia, me arranques el sobre de las manos y compruebes, sin perder un segundo, que la química de mi cuerpo está bien.

Y es que si algún día siento que mi nivel de glucosa en sangre no te importa, enfermo.

Si no te importa mi glucosa, enfermo. (EL OBSERVATORIO.)

La delgada línea del horizonte.

Se levantó del sofá. Maggie, su mujer, y sus dos hijos le acompañaron con la mirada y permaneció rígido como un palo frente al televisor durante un par de minutos. Si el volumen del aparato no hubiese estado tan alto su familia le habría oído susurrar:

“¿Loco?”

Al ver que Thomas no se movía de ahí y que no cesaba de balbucear algo que ella era incapaz de entender, Maggie se inquietó.

“¿Qué haces, Thomas?”

Al oír su nombre Thomas reaccionó y, cómo movido por impulsos, caminó hacia el porche, atravesó el jardín y avanzó hasta el garaje donde estaba aparcado el Torino Cupe -si se hubiera girado en ese momento habría comprobado que Maggie y los niños le observaban desde la puerta de la casa. Thomas entró en el coche, lo arrancó y salió de la finca en dirección a la carretera comarcal.

Maggie y los niños cruzaron el jardín. Parecían hipnotizados.

Del interior de la casa llegaron las voces de la película de la noche. La voz aguda de la protagonista gritó.

“He perdido a Jack.”

Una voz masculina contestó.

“Acaba de salir por la puerta.”

Fundido a negro en el jardín.

Los faros del Torino alumbraron los recodos del trayecto. Carretera de la costa N-86. La brisa húmeda del exterior arrastró hasta allí el sonido del romper de las olas en el acantilado. Thomas no cesó de mirar la línea discontinua de la carretera. Condujo  tranquilo. A la derecha una señal de curva peligrosa. A la izquierda un ramo de flores secas atadas al poste con una cinta rosa descolorida. Los faros del coche iluminaron el pequeño decorado durante un instante. Thomas cogió la curva y se desvió por el caminito de tierra que conduce hasta la playa.

Maggie, aún de pie en medio del jardín, ordenó a sus hijos que entraran en casa.

Del televisor llegaron las voces de otra secuencia de la película.

“Dile a Jack que le necesito.”

En Playa de San Juan el coche de Thomas estaba parado en la arena y con la puerta del conductor abierta. Los faros delanteros encendidos formaban una ráfaga de luz que iluminaba el camino hasta el agua. Thomas se alejó del coche siguiendo esa luz. Descalzo. Los zapatos, unos metros más atrás, tirados sobre la arena. Thomas caminó y levantó al andar una etérea nube de polvo. De manera inconsciente, y era la primera y la última vez que lo hacía, arrastró un poco un pié.

Otro fundido a negro.

Thomas llegó. Su paso se hundió en el agua. Las olas fuertes hicieron tambalear su equilibrio. Todavía más. Con la mirada al frente se lanzó de cabeza y se alejó nadando hacia el infinito. Destino el horizonte.

Maggie seguía de pie en el jardín. Quieta.

Del interior de la casa volvió el sonido ensordecedor del televisor. Sirenas de coches de policía se acercaron a la escena del crimen. La voz de la protagonista gritó desconsolada.

“Jack. Jack.”

Una voz masculina, supuestamente un policía, preguntó.

“Señora ¿sabe usted si su marido tenía algún enemigo?”

La delgada línea del horizonte. (EL OBSERVATORIO)



Rescátame de esta tristeza demoledora.

Tuvimos un plan A.




Cuento envenenado.


Conjugar a Martín.

El primo de mi padre tiene un hijo llamado Martín. Martín es hijo único. Tiene 24 años. Martín es el centro y única base sobre la que se apoya la vida de su padre. Martín es un tipo simpático, impulsivo, fumador de crack y muy vital.

El primo de mi padre tiene 54 años. Es un tipo simpático, impulsivo y vital. Su hijo Martín es la base sobre la que se sustenta su vida. Martín tiene 24.

Martín es un tipo simpático, impulsivo, fumador de crack y muy vital. Es hijo del primo de mi padre. El padre de Martín es un hombre simpático, impulsivo y vital.

Martín no es ni será nunca padre. Era sobrino segundo de mi padre. Era un tipo simpático, impulsivo, fumador de crack y muy vital. El padre de Martín lo encontró muerto y llamó a mi padre. Mi padre tiene 62. La vida del padre de Martín no tiene base.

Conjugar a Martín. (EL OBSERVATORIO)

El verbo se hizo carne.

Nacer. Llorar.

Esperar.

Mamar. Comer. Mear. Cagar. Dormir. Mirar.

Esperar.

Oír. Oler. Tocar. Soñar.

Esperar.

Reír. Crecer. Jugar. Andar. Atender. Leer. Aprender.

Esperar.

Estudiar. Callar.

Esperar.

Gritar. Hablar. Decir. Sonreír. Querer. Desear.

Esperar.

Bailar. Salir. Acariciar. Amar. Luchar. Adorar. Sufrir.

Esperar.

Reivindicar. Crear. Trabajar. Viajar. Follar. Parir. Criar.

Esperar.

Alimentar. Cuidar. Proteger. Peinar. Lavar. Curar.

Esperar.

Sanar. Enseñar. Envejecer.

Esperar.

Pensar.

Esperar.

Recordar.

Esperar.

Observar. Añorar.

Esperar.

Escribir.

Esperar.

Esperar.

Morir.

el verbo se hizo carne. (EL OBSERVATORIO)

Should I stay or should I go.

La química de tu cuerpo.

En tu organismo vivo no hay nada que contradiga las leyes de la química.

H 63,

O 25,5,

C 9,5

N 1,4

Ca 0,31

P 0,22

Cl 0,03

K 0,06

S 0,05

Na 0,03

Mg 0,01

otros < 0,01

Amo cada uno de tus elementos, son indispensables para mi vida.

La química de tu cuerpo. (EL OBSERVATORIO)

El lamento del doble de luces.

La novia al desnudo.

La novia despierta desnuda en la habitación 107 del motel Flamingos. Abre los ojos y ve su vestido de boda tirado por el suelo y pisoteado. El velo enganchado en el pomo de la puerta. Rasgado. Roto. Al otro lado de la cama, nadie. En el resto de la habitación, tampoco.

La novia coge el teléfono y marca el número de una amiga.

Desnuda.

“Me he equivocado.”

la novia al desnudo. (EL OBSERVATORIO)

Al hombre que mira, calla y recoge tabaco.



Nana para la vieja.

Vaivén.

Y la vida va y luego viene y ahora me toca a mi acunarte.

Vaivén.

Y mi nana es prosa, no alcancé la lírica de tus palabras.

Vaivén.

Y tu corazón se apaga y sigue marcando el ritmo del compás. Sigo sin darte nada.

Vaivén.

Y tu latido para. Mi mano suelta tu cuna. Descansa.

Va.

Nana para la vieja. (EL OBSERVATORIO.)

La cantante enana.

Ningún micrófono estuvo a su altura. Era la mejor.

La cantante enana. (EL OBSERVATORIO.)

*ilustración Carmela Alvarado

Test occidental.

Entrevista psicológica realizada a una detenida en la comisaría de Kiev que acaba de ser elegida como comisaría piloto para poner a prueba la eficacia de psicólogos y asistentes sociales en los procesos policiales.

Nombre del detenido: KÁTIA.

Apellidos: Se desconocen. La detenida dice no tener documentación y no recordarlos.

Edad: 13 años según el testimonio de la acusada.

Motivo de la detención: agresión y asalto a una mujer de 65 años en la estación de ferrocarril de Kiev.

Observaciones: La detenida presentaba intoxicación etílica aguda en el momento de su detención.

Cuestionario:

-¿HA PENSADO ALGUNA VEZ QUE TIENE PROBLEMAS CON EL ALCOHOL?

No, no puedo pensar.

-¿CON QUÉ FRECUENCIA BEBE POR LA MAÑANA ANTES DE SALIR DE CASA?

Nunca salgo de casa. Siempre estoy en la calle.

-¿SE QUEJAN SUS FAMILIARES DE SU FORMA DE BEBER?

Mis familiares también beben.

-¿BEBE PARA RELAJARSE O PARA ALIVIAR LA ANSIEDAD?

No me acuerdo.

-¿AL FINAL DEL DÍA CREE QUE HA BEBIDO MÁS DE LO QUE TENÍA PLANEADO?

No tengo planes.

-¿DESPERDICIA OPORTUNIDADES IMPORTANTES PROFESIONALES, SOCIALES O FAMILIARES POR CULPA DE LA BEBIDA?

No te entiendo.

-¿SUS RELACIONES SEXUALES Y DE PAREJA SE HAN VISTO AFECTADAS POR SU FORMA DE BEBER?

No.

-¿DESPUES DE BEBER SE SIENTE CULPABLE O ARREPENTIDO POR LO QUE HA HECHO?

¿Por qué?

-¿SIENTE A MENUDO QUE GASTA DEMASIADO DINERO EN SU HABITO DE BEBER?

No, solo gasto lo que me dan.

-¿HA SIDO ACUSADO O DETENIDO POR ALGÚN INCIDENTE RELACIONADO CON SU CONSUMO DE ALCOHOL?

Si.

-¿HA HECHO ALGUNA VEZ LA PROMESA DE DEJAR DE BEBER Y LUEGO NO LA HA CUMPLIDO?

Nunca prometo.

-HA VISTO AFECTADA SU PRODUCTIVIDAD POR CULPA DEL ALCOHOL?

No te entiendo.

-CUANDO BEBE, ¿SE LE OLVIDA PARTE DE LO QUE HA HECHO?

Por eso bebo.

-¿HA BUSCADO AYUDA PARA RESOLVER EL PROBLEMA?

¿Cual?

La puntuación de Kátia es: 65- 70.

Según el calculo de severidad de la adicción, estos resultados mostrarían el patrón de respuestas del paciente señalando una etapa de alcoholismo avanzada que causa problemas serios en su vida. Se recomienda al paciente que busque ayuda y asesoramiento apropiado. Esta ayuda puede incluir asesoramiento profesional y un grupo de autoayuda del tipo Alcohólicos Anónimos.

Test occidental. (EL OBSERVATORIO.)

7 DIAS SIN VOZ. Artículo.

BIO

Guionista y directora

 

7 DIAS SIN VOZ

Guión, dirección y montaje Ona Planas /Kike Barberà

Largometraje. 2011

 

LA MIRADA DE LAS MIL MILLAS.

Guión para largometraje. 2010

 

LU ON THE BEACH.

Guión y dirección.

15 min. Pieza Souvenir 2010 para Cine Urgente.

 

LOS PASEANTES.

Mediometraje de 20 min. para CRÓNICAS DE LA URGENCIA (varios directores).

Guión y dirección. 2010.

 

EL VIATGE VERTICAL. / EL VIAJE VERTICAL.

Largometraje para televisión. 2008

Guión y dirección del largometraje basado en la novela del mismo título de Enrique Vila-Matas. 2008

*Nominada para mejor película para televisión 2010 Premios Gaudí.

*Selección Oficial Festival de Cine de Las Palmas 2009.

*Selección Oficial Festival de Islantilla 2009.

 

MARY ROSE.

Guión. Micro obra de teatro para Por Dinero. 2010

 

CABARET PARADIS.

Largometraje. 2007

Co guionista junto al director Miguel Alcantud.

*Subvencionado por el ICCA.

 

DESDE MADRID CON AMOR.

Pieza para el Especial Sant Jordi 2007. TV2

 

EL DÍA DEL PADRE. LA HERENCIA.

Guión para el “Proyecto C” de largometraje junto a Lydia Zimmermann y Morrosko Vila-San-Juan,                 basado en el Cuento nº9 de Paul Auster. 2001

 

PROJECTE HOME.

Guión largometraje. 1998

*Subvencionado por el Institut de Lletres Catalanes.

 

PASSION FISH.

Videoclip Super 8mm para el grupo Passion Fish de  Mobydisck Records. 1997

Guión y dirección.

 

COM PEDRES RODANT.

Mediometraje Super 16mm. para el ciclo NOVA FICCIÓ. Televisión. 1996

Guión y dirección.

 

NARCÍS COMADIRA. ESCULPINT EL TEMPS.

Cortometraje Documental 35mm. Mirada sobre el poeta y escultor Narcís Comadira. 1996.

Guión y dirección.

*Premio mejor cortometraje en 9º Festival de Cine de Girona.

 

RAQUEL.

Cortometraje 35mm. 1993

Guión y dirección.

*Selección Festival de Siena (Italia) 1997 mejores cortometrajes españoles de la década de los noventa.

 

EL TREN DE LA BRUJA

Cortometraje 35mm. 1990

Guión y dirección.

*Premio mejor cortometraje Bienal de Barcelona 1991.

 

Realizadora de publicidad

Desde 1998, realizadora de publicidad para productoras como Rodar y Rodar, Pirámide y Puente Aéreo…Clientes: PlayStation, Port Aventura, Kellogg´s, La Caixa, Ausonia, Pond´s, Ono, Nivea, Caixa Catalunya…

 

Otros audiovisuales

CINE URGENTE.

Creadora del grupo CINE URGENTE (2010) para dinamizar, al margen de la industria y sistemas de subvención tradicionales, proyectos cinematográficos estancados y agilizar y favorecer la exhibición de trabajos que no han logrado distribución a partir de los canales al uso.

 

VIVALAFILMS.

Socia fundadora y productora junto a Maru Escalante de la marca VIVALAFILMS  para la producción y realización de proyectos audiovisuales propios y apadrinamiento de artistas y creadores afines a la marca. 2007

 

 

Actriz

“RUMORS” Telemovie de Oscar Aibar. 2007.

POR AQUI NO PASAN AUTOBUSES” Cortometraje de Kike Barbera Peregrina. 1996

“AMOR A DISTANCIA” Cortometraje de Frank Planas.

“ORIGEN” Cortometraje de Teresa Pelegrí. 1992

“EL CIELO SUBE” Largometraje de Marc Recha. 1991

“ASTEROIDES” Cortometraje de Marc Recha. 1990

“PONT DE VARSOVIA” Largometraje de Pere Portabella. 1990

“ES QUAN DORMO QUE HI VEIG CLAR”” Largometraje de Jordi Cadena. 1989

“EL VIENTO DE LA ISLA” Largometraje de Gerardo Gormezano. 1988